Tortura y cinismo norteamericano
Bush dice que está feliz de la aprobación de esa ley inaudita. De esa herramienta de la barbarie, que coloca a los humanos muy por debajo del reino animal. En realidad, la actitud de Bush produce repugnancia. Y también la actitud de los gobiernos del mundo que no la cuestionan. Y a eso hoy se le llama “democracia”. Ese es el buen sistema que Bush trata de implementar en Irak y en el mundo entero
Los individuos que componen la superestructura política de USA ya ni siquiera tienen el decoro de decir las cosas por su nombre. Ahora a la tortura ―la cual está prohibida por la Convención de Ginebra y a la cual se ha suscrito USA― ha adquirido otros nombres. Ahora se llama “técnica de interrogatorio”. Nótese que no se le denomina interrogatorio a secas, sino “técnica”.
Entre esas “técnicas”, el vicepresidente norteamericano Dick Cheney ha dicho en una entrevista radial: “que la utilización de simulacro de ahogamiento durante un interrogatorio era algo obvia para él”. Muy bien señor Cheney, y si fuese usted el que cayese en manos de un grupo de torturadores y le aplicasen esas “técnicas”, ¿cómo se sentiría? ¿Apelaría a la buena razón? ¿Al buen sentido común? ¿A los derechos humanos? ¿A lo acordado en la Convención de Ginebra? ¿A la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas?
Veamos lo que dice la tal Convención aprobada por casi todas las naciones y también por USA.
El artículo 13 dice:
Los prisioneros de guerra deberán ser tratados humanamente en todas las circunstancias. Está prohibido y será considerado como infracción grave contra el presente Convenio, todo acto ilícito o toda omisión ilícita por parte de la Potencia detenedora, que comporte la muerte o ponga en grave peligro la salud de un prisionero de guerra en su poder. En particular, ningún prisionero de guerra podrá ser sometido a mutilaciones físicas o a experimentos médicos o científicos, sea cual fuere su índole, que no se justifiquen por el tratamiento médico del prisionero concernido, y que no sean por su bien.
Asimismo, los prisioneros de guerra deberán ser protegidos en todo tiempo, especialmente contra todo acto de violencia o de intimidación, contra los insultos y la curiosidad pública.
Están prohibidas las medidas de represalia contra ellos.
¿Creen ustedes que sea necesario comentar este artículo? ¿No cae por su propio peso que la ley aprobada por el Congreso norteamericano está en absoluta contradicción con el espíritu de este artículo? Y si es así, entonces ¿de qué estamos hablando? ¿Derechos humanos? o ¿derechos del más fuerte?
El artículo 14 dice:
Los prisioneros de guerra tienen derecho, en todas las circunstancias, al respeto de su persona y de su honor.
Las mujeres deben ser tratadas con todas las consideraciones debidas a su sexo y, en todo caso, se beneficiarán de un trato tan favorable como el que reciban los hombres.
Los prisioneros de guerra conservarán su plena capacidad civil tal como era cuando fueron capturados. La Potencia detenedora no podrá limitar el ejercicio de esa capacidad, sea en su territorio sea fuera del mismo, más que en la medida requerida por el cautiverio.
Según todas las declaraciones de los que han estado prisioneros tanto en Afganistán, como Irak o Guantánamo coinciden en que han sido torturados y vejados física y mentalmente. Se les ha aplicado toda una serie de acciones físicas y viles y psicológicas mutilantes de la psique. Las mujeres han sido violadas y asesinadas y los soldados llevados a juicio sólo son unos pocos, muy pocos comparado con la enormidad de casos ocurridos. En algunos casos se ha aplicado penas ridículas a los soldados torturadores o violadores y los jefes no han sido sancionados, cuando la práctica jurídica militar de todos los países consignan como culpable fundamentalmente al que ordena esas prácticas inhumanas y a los que las llevan a cabo, como sus cómplices. En el caso norteamericano los mayores culpables son, sin duda alguna, el presidente Bush y su ministro de defensa Rumfeld, como lo es Pinochet en el caso de las torturas y asesinatos durante el golpe y el ejercicio de su dictadura.
Por otro lado tenemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la asamblea general las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.
Dice en uno de sus considerandos:
“que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”;
¿Qué tiene en común este considerando con los hechos aprobados e impulsados desde la Casa Blanca tanto por Bush como Chaney atentando contra los derechos humanos? Es francamente repugnante.
El artículo 5 dice:
“Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.
¿No es acaso degradante el “submarino”, el nombre caricaturesco que se le da a la “técnica de interrogatorio” que tanto le agrada a Chaney?
Pero, veamos, ¿en qué consiste el simulacro de ahogamiento? ¿Es realmente un simulacro? Y si así lo fuese, ¿no es acaso una tortura psíquica? Cuestión que está condenada en todas las leyes del mundo. Pero volvamos a lo que los yanquis denominan simulacro. Al interrogado se le coge entre varios torturadores y se le sumerge la cabeza en un barril lleno de agua sucia, excrementos y a veces bencina. Y no sólo una vez, sino muchas veces. Y es corriente que la víctima muera producto de esta “técnica” como la llama este pervertido vicepresidente. Y digo pervertido, porque sólo individuos de mentes enfermas pueden aprobar o instigar a otros a someter a sus semejantes a estos repudiables excesos.
Comprendo que estos ricachones sean capaces de defender sus riquezas acudiendo a cualquier acto por cruel e inhumano que sea. Aunque no lo justifico en ningún caso y todo el mundo se da cuenta que además de ser un acto repugnante es de cualquier punto de vista inaceptable. Y no creo que la gente sencilla sea capaz de aceptar estas repugnantes acciones. Y esto que parece obvio a gente normal no lo es tanto. El mismo Bush, aunque manifiesta públicamente estar en contra de la tortura, no sólo la apoya, también la impulsa, sólo que no la nombra por su verdadero nombre. Señor Bush, tenga el valor de mencionar a las cosas por su nombre. Los cobardes son cobardes aquí y en cualquier parte. Lo mismo que los que instigan a la tortura y después, como el viejo Pinochet se disculpan ante la justicia aduciendo ignorancia.
Y el rechazo a la tortura no sólo es de parte de gente sencilla y progresista, también dentro de las filas de su propio partido republicano se han alzado voces contra la ley que aprobó el Congreso norteamericano, institucionalizando lo que viene ocurriendo hace mucho: la tortura de los yanquis con todos sus prisioneros. No es un secreto para nadie que la tristemente famosa CIA es una institución muy parecida a la Inquisición que existió en el pasado. Sus métodos son los mismos. Y hace mucho tiempo que los viene aplicando, decenas de años. Además son los profesores de los torturadores que existen en Latinoamérica dentro de los institutos armados, es decir, dentro de los aparatos represivos del Estado.
El redefinir lo que es y lo que no es tortura no cambia nada. El problema no se encuentra en las definiciones, en las “técnicas” o en lo que es legal o no lo es. Se trata, fundamentalmente, de un problema moral. Veo que con estas leyes y estas acciones, los norteamericanos se han situado muy por debajo del resto de la especie humana. Además se han retirado del pensamiento y acción moral y legal. Y si sus soldados son los que caen prisioneros no tienen moralmente ningún argumento para defenderse de ser torturados ellos mismos.
Si ahora torturar es algo normal y permitido, entonces, no queda más remedio que asegurar que lo que había avanzado la humanidad después de tanta lucha por respetar a los humanos, ha retrocedido cientos de años y estamos volviendo a la Edad Media. La cultura sabemos que cambia con el tiempo. Es de carácter histórica. Pero es inaceptable que se produzca un retroceso de la cultura. Hoy son los llamados “terroristas” los que sufren el acoso de esos enfermos mentales que hacen ese odioso y sucio trabajo; mañana cualquier persona está expuesta también. No importa que sea o no terrorista. Que sea o no responsable.
No hay ninguna duda que las cárceles secretas de la CIA no son otra cosa que centros de tortura. Se sabe de muchos miembros de la CIA que han renunciado a seguir en esa institución por temor de ser llevados a juicio en algún momento por el uso de las “técnicas” de Cheney. Tal vez esa fue la razón por la que Bush transformó esos bárbaros procedimientos en una ley norteamericana.
Lo que me llama la atención es que a nivel internacional los gobiernos no sean capaces de cuestionar esta ley y con su complicidad y su cinismo permiten los vuelos de la CIA y la existencia de esos centros de tortura en la mismísima Europa, la culta Europa, la Europa que condenó al nazismo y a la barbarie de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy se han vuelto sordos, ciegos y mudos. Es decir, con palabras más precisas: son desinteresados, oportunistas y cobardes.
Bush dice que está feliz de la aprobación de esa ley inaudita. De esa herramienta de la barbarie, que coloca a los humanos muy por debajo del reino animal. En realidad, la actitud de Bush produce repugnancia. Y también la actitud de los gobiernos del mundo que no la cuestionan. Y a eso hoy se le llama “democracia”. Ese es el buen sistema que Bush trata de implementar en Irak y en el mundo entero. Supongo que la gente del Oriente Medio estará entendiendo lo que esos señores ricachones, que han descendido tan bajo en la escala humana tratan de hacer con ellos y con nosotros.
En física existe el principio de acción y de reacción. También en política y en la guerra. Si tú actúas con crueldad y falta de humanismo, no esperes ser respetado y tratado humanamente. Ese será el resultado de la implementación de la tortura legal e institucionalizada. La ferocidad de la guerra aumentará y más gente se inclinará por combatir a los ya odiados invasores yanquis y sus consortes. Soldado yanqui, miembro de la CIA, no esperéis perdón ni respeto a vuestras personas de tus enemigos cuando seáis hechos prisioneros. La culpa la tendrán también ustedes porque con vuestro silencio han aprobado esta práctica bárbara e inhumana.
No sé con qué moral estos señores de USA podrán cuestionar el atropello de los derechos humanos en otros países. Será cómo ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
Abel Samir






















