25/02/2007

Mambru se fue a la guerra

¿Qué hacen en Afganistán? ¿Qué hacen en Iraq? ¿Qué hacen en las Islas Malvinas o Mc Falkland, en la Patagonia argentina? ¿Quién les ha dado el derecho de usurpar territorios ajenos? ¿En nombre de cuál ética; de cuáles principios están con sus humillantes botas masacrando a la población civil de países del Medio Oriente?


Tengo temor al vértigo de lo cotidiano. Sufro cuando pienso que puedo ser rehén de la filosofía del consuelo, del conformismo; militante del Partido de los estoicos, aquellos que en la antigüedad miraban cada día el sol bajo la divisa de "soporta y abstente".

Y hoy, para mi espanto, he comprobado una vez más que somos muchos las víctimas de la trampa de las transnacionales de la comunicación: ...que si los ingleses retiran a una parte de sus tropas; que si no lo hacen y que si lo hicieran estarían dispuestos a un inmediato regreso al menor llamado de los yanquis; que si la Cámara de Representantes estadounidense está en contra del envío de nuevas tropas a Iraq, pero el Senado lo rechaza; que si esto o si lo otro...

Y la humanidad, que es la verdadera "sal de la Tierra", siempre en espera de la sacrosanta voluntad de los poderosos.


¡Cuánto alivio cuando confirmamos que tal día sólo murieron 30 civiles iraquíes y no 100 como es usual; qué tranquilidad cuando se dice que sólo murieron tres soldados norteamericanos y no treinta, porque uno piensa con tristeza en sus padres!

Repito, vivimos apostados en la vigilia de la resignación: con la conciencia o la inconciencia de que todo podría ser peor.

El pasado día 21 de febrero en declaraciones en la Cámara de los Comunes, el primer ministro británico, Tony Blair, anunció que Gran Bretaña retiraría 1,600 soldados de Iraq en los próximos meses y la posibilidad de la vuelta a casa de al menos 5,000 si las fuerzas iraquíes pueden controlar el país, aun cuando, según informó, permanecerían en la contienda hasta el año 2008, con el propósito de resguardar la frontera con Irán, con el fin de proteger los abastecimientos a las demás fuerzas ocupantes asentadas en el centro de Iraq.

Al día siguiente, el 22 de febrero, el inconstante Blair, digno representante de la legendaria y "pérfida Albión", volvió sobre sus palabras, en un envidiable ejercicio de malabarismo demagógico, y declaró que el número de soldados británicos en Iraq podría incrementarse "si es necesario" y agregó que no se siente responsable ni pediría perdón por la "terrible" situación de la seguridad en la nación mesopotámica. Afirmó, en esta nueva declaración, su fidelidad a la voz de mando que le llega allende el Atlántico, pues: "Si se nos necesita de nuevo bajo cualquier circunstancia, entonces volveríamos".

Los cubanos recordamos la denigrante Enmienda Platt, apéndice de la Constitución nacida con la seudorrepública caribeña a principios del siglo XX, impuesta por los Estados Unidos, y que establecía el derecho de nuestros "inquietos y generosos" vecinos del Norte a intervenir en los asuntos internos de Cuba cuando lo consideraran conveniente.

Mientras Blair se debate en la madeja de sus contradicciones; el primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, anunció que retiraría el contingente de 460 soldados del Sur de Iraq antes del próximo agosto, quizá inspirado en la paz que ha respirado durante muchos años la tierna sirenita de Copenhague y en los antológicos cuentos de Hans Christian Andersen.

Al parecer también se retirarán los lituanos, que estarían mejor en las riberas del río Nemunas pescando truchas o percas, u otras especies más fáciles de atrapar, que la terca insurgencia iraquí.

Realmente, nuestros sentimientos no pueden depender de los intereses y de la voluntad de los emperadores.

Somos víctimas de la doctrina conformista de que: "del lobo un pelo".
Me reconforta saber que más de 80 mil manifestantes en Vicenza, al Norte de Italia se congregaron combativamente para protestar por la ampliación de la base militar de los Estados Unidos. ¡Hay que tomar las calles!

En la Carta Fundacional de la ONU (en vigor desde el 24 de octubre de 1945) y de la cual tanto Estados Unidos como el Reino Unido son signatarios, se expone con meridiana claridad que la Organización fue establecida para "mantener la paz y seguridad internacionales", "desarrollar relaciones de amistad entre las naciones", "alcanzar una cooperación internacional fundada sobre las relaciones de amistad entre las naciones", "alcanzar una cooperación internacional en la solución de problemas económicos, sociales, culturales o humanitarios" y "fomentar el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales".

Basado en la Carta Magna de la ONU, me pregunto: ¿qué significaría que Inglaterra retirara una parte de sus tropas de ocupación y no todas? La pregunta real debe ser: ¿Qué hacen en Afganistán? ¿Qué hacen en Iraq? ¿Qué hacen en las Islas Malvinas o Mc Falkland, en la Patagonia argentina? ¿Quién les ha dado el derecho de usurpar territorios ajenos? ¿En nombre de cuál ética; de cuáles principios están con sus humillantes botas masacrando a la población civil de países del Medio Oriente?

Ahora, en este aquelarre informativo las agencias noticiosas destacan que el príncipe Harry, tercero en la sucesión al trono de Inglaterra, "el nuevo rebelde" de la dinastía real, amante de la diversión y de las fiestas, se va a la guerra por propia voluntad.

A diferencia del James Dean "el rebelde sin causa de los años 50s" del pasado siglo, Harry es un rebelde que pretende luchar por una causa aberrante.

¿Qué desearle al hijo menor del príncipe Carlos y la desparecida Diana, que no sea que regrese sano y salvo a su país, considerándolo una víctima más de la desvergüenza de sus gobernantes?

La "sangre azul", al parecer, entrará en la injusta contienda con pie real.

Cuando siglos atrás un notable miembro de la realeza inglesa, John Churchill, duque de Marlborough, se fue al campo de batalla, cuentan que la humilde población le compuso una burlesca canción.

Los cubanos, con su tradicional ironía, durante nuestras luchas por la independencia en el siglo XIX, llamaban "Mambrú", derivado de Marlborough, al general Arsenio Martínez Campos, Capitán General de la Isla y máximo representante de la Corona española en la mayor de las Antillas.

A mi padre, hace muchos años, le escuché la canción que le cantaban a Martínez Campos, como lo hacía el pueblo inglés en su tiempo con el duque de Marlborough:

"Mambrú se fue a la guerra, ¡Ay!, qué dolor, qué dolor, qué pena...".

Pedro Díaz Arcia en Viejoblues, un espacio libre

Posted by Ecualizadora at 22:16:23 | Permanent Link | Comments (0) |
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