Salgamos de la perplejidad

Los más detestables serán, sin duda, quienes se sientan hoy íntimamente satisfechos por ambos sucesos, porque ambos llevan las cosas a peor, no a mejor, y son hijos de la venganza y no de la justicia. La violencia necesaria, dicen. Dos aberraciones, decimos mucha gente.
Dolorosa y amargamente perplejos quedamos este penúltimo día del año, que comenzó con la inútil y peligrosa revancha de asesinar a Sadam y, continuo, con el inútil y peligroso atentado terrorista de Barajas.
He utilizado el plural mayestático porque confío en compartir este sentimiento de abatimiento con una inmensa mayoría, que ni puede alegrarse de adquirir una pírrica ventaja táctica (yo tenía “razón” dirá el PP), ni puede pensar por otro lado que cuanto peor mejor. Mejor ¿para quién?, ¿mejor para qué?; todos y todas hemos perdido, y se trataría ahora de minimizar los retrocesos, de aislar a quienes puedan sentir satisfacción ante las consecuencias de “la sinrazón que a la razón espanta”.























