Izquierda y revolución en América Latina

Con el invaluable (y poco agradecido) heroísmo y poder de distracción de la lucha antimperialista en Medio Oriente y Asia Central, América Latina se halla en situación similar a la del decenio de 1940, cuando una serie de revoluciones populares y gobiernos progresistas retomaron la ofensiva en pos de su liberación nacional y social efectivas.
La solidaridad y cooperación de Cuba y Venezuela en la acción, la comprensión de lo que está en juego en los procesos políticos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y el hecho de que el imperio no diga la última palabra en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay revelan un mapa de tendencias mucho más promisorias que el amargo desenlace de la independencia de Haití en 1804, y el fin de la Gran Colombia en 1830.
La energía poderosa (nunca mejor dicho) brotada de las entrañas geológicas y populares de Venezuela impidió que en Cuba se cumpliesen los aciagos pronósticos de Fidel Castro al inicio del decenio pasado. No. Cuba ya no se hundiría en el mar ni sus hijos caerían luchando como aquel puñado de españoles que en Numancia resistieron a las legiones de Escipión, El Africano. Proceso que en sus inicios fue doloroso (masacre de Caracas, febrero de 1989) y que al continuar tuvo dos expresiones promisorias: el alzamiento del movimiento revolucionario bolivariano (4 de febrero de 1992) y el de los pueblos antiguos de Chiapas que cuestionaban la desaparición de México como país soberano (primero de enero de 1994).























