23/04/2007

Primavera latinoamericana

América Latina va liberándose de la miseria a la que la mayoría de su población fue condenada por las grandes potencias. Si éstas reaccionan ante la pérdida de sus privilegios exorbitantes, el escenario de Iraq podría trasladarse a esta región. El sentido común y el incienso no le hacen mal a nadie

Decepcionados con las tradicionales oligarquías políticas, los electores de América Latina canalizan ahora sus votos hacia candidatos que encarnan la esperanza de cambios capaces de reducir la desigualdad y la miseria. Votan a gente con cara de gente: al obrero Lula en Brasil, al mestizo Chávez en Venezuela, al indígena Morales en Bolivia, al militante de izquierda Correa en Ecuador, al exguerrillero Ortega en Nicaragua. Y quiera Dios que, dentro de poco, Fernando Lugo sea elegido presidente de Paraguay y Rigoberta Menchú de Guatemala.

En Venezuela Chávez refuerza el poder popular instalando los Consejos Comunitarios. Ésa es la única vía por la que los gobiernos democráticos pueden, en efecto, asegurar su gobernabilidad sin correr el riesgo de quedar como rehenes del Congreso y vulnerables a los golpes de Estado orquestados desde Washington, como sucedió en Venezuela en el 2002.

En Brasil Lula optó por la vía parlamentaria, formando una coalición partidista que le garantiza la mayoría en el Congreso, aunque sin metas definidas en cuanto al proyecto de un nuevo Brasil. Los partidos fueron atraídos por el ofrecimiento de cargos en la maquinaria del poder Ejecutivo. Al contrario de Chávez, Lula no se interesa por movilizar a los movimientos sociales, temeroso de que le exijan cambios en la política económica neoliberal, de riguroso ajuste fiscal, y en la política social, que está debiendo la reforma agraria, puerta de salida de las familias pobres que, hoy, dependen de los recursos del Estado para su sobrevivencia.

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El sol no sale por el Norte

Es una burla de inaudita crueldad sostener que la siembra de unas decenas de miles de hectáreas de caña para producir alcohol en Haití o soya para biodiesel en Bolivia, pudieran ser opciones de desarrollo. A estas alturas promover el latifundio, el monocultivo y la plantación genéticamente modificada es añadir jorobas a las deformaciones estructurales ya existentes.

Los Estados Unidos son un imperio. Nada les hará cambiar ni renunciar a su estilo de vida y, llegado el caso, son capaces de sacrificar al resto del planeta. Nadie debe hacerse ilusiones, matices y precisiones, aparte los biocombustibles, son una solución norteamericana, para los norteamericanos.

En Estados Unidos circulan más de 250 millones de automóviles. Incluyendo todos los vehículos motorizados terrestres son más de 300 000 000, más de uno por habitante y un promedio de más de tres por familia. Para sostener semejantes lujos, en sus tres cuartas partes irracionales y prescindibles, los norteamericanos consumen quinientos setenta millones de metros cúbicos de gasolina al año, en litros 570 000 000 000.

Los Estados Unidos no ignoran que al sustraer 100 millones de toneladas de maíz y otro tanto de soya del mercado de alimentos para dedicarlos a la producción de etanol y biodiesel, inevitablemente aumentaran los precios de los cereales, que arrastrarán consigo los costos de los derivados de la harina, los piensos, todos los tipos de carne, el pollo, los huevos y los productos lácteos; lo que ocurre es que no les importa.

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